No Nos Maten, pretende dar a conocer las mentiras y conspiraciones relacionadas con los grupos de poder en el mundo.
No Nos maten, porque no tenemos miedo
La alegría no es brasilera.
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NACE UN MONSTRUO. por Atilio Borón
un monstruo como Bolsonaro al Palacio del Planalto que, como dato adicional
habría que recordar que le prometió a D...
Anoche llovió.
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Es una siesta deslumbrante de domingo. Anoche llovió y el servicio
meteorológico volvió a acertar. Es decir, al servicio meteorológico hay que
saberlo inte...
Ante preguntas de Rosario/12, Carrió le pidió a Rossi que "entienda que si no puede caminar por su provincia es porque la humilló y traicionó en la Cámara de Diputados de la Nación... Cuando uno siembra la violencia, a veces cosecha violencia" Carrió juega a ser religiosa. El Dios de Carrió es el Dios de la Ira. El Dios inquisidor que puede justificar el escarnio. Su religiosidad es medieval, pre-moderna. Su moral es levítica, no cristiana. Ella no habla del Dios del Amor, sino del que juzga y castiga. Por eso habla de República y Moral, no habla de democracia moderna. Defiende el poder, porque entiende que ahí están sus votantes, ya no juega a ser progresista, aunque pueda utilizar el nombre. Es la representante del poder conservador liberal. Dios - Patria - Tradición.
Un apicultor de Ramírez, departamento Diamante, Entre Ríos, denunció que debido a las fumigaciones de los campos con glifosato murieron 42 colmenas y se quejó de que esas prácticas, tendentes a asegurar buena cosecha de soja transgénica, no es avisada a otros productores para que tomen medidas, y además envenenan los arroyos con serios problemas para la población.
El apicultor consideró que tanto él como sus vecinos de campos cercanos están sufriendo una situación triste, en medio de cultivos que se están fumigando y donde está clara la intención de desmontar para hacer lugar a la soja, un monocultivo que hasta hace poco parecía imposible en nuestra provincia."No estamos bien, estamos dolidos por lo que nos pasó", dijo y explicó que tiene 42 colmenas muertas, dentro de un monte que fue fumigado para secar la chilca, pero el monte se secó totalmente y no quedó ningún árbol verde"."Lo que más me llama la atención es la falta de ética y de respeto de no habernos avisado". Dijo que sabe que la ley que prohíbe el desmonte está vigente "por eso trabajan a través del avión". En ese lugar, "hay un curso de agua importante y vecinos afectados por esta fumigación".
Hace más de 20 años que trabaja en esta actividad pero si en el campo se sigue de esa manera, lamentablemente "esta actividad se va a pique. Con desmonte y fumigación esta actividad se va a pique"."Me encanta que avancen, que tengan esas camionetas y esos tractores de seis gomas pero a mi enseñaron en la escuela y también mis padres, que a donde termina lo mío comienza lo de lo demás"."Ya no queda nada, al fumigar hasta las banquinas, terminan todo. Alguien tiene que asumir esta responsabilidad para que se hagan las cosas bien y podamos seguir trabajando".
Las empresas de agroquímicas defienden la baja toxicidad de sus productos con una metodología polémica: hacen hincapié en los efectos agudos, la exposición a corto plazo y con efectos inmediatos. No profundizan los estudios científicos en los efectos crónicos, que implica exposición a bajas dosis durante un tiempo prolongado (como sucede en la práctica con las fumigaciones de campos de soja o arroz). Desde hace décadas, en todo el mundo, organizaciones ambientales y campesinas piden modificar esa metodología. La Defensoría del Pueblo de la Nación acaba de dar un paso en ese camino: solicitó al Ministerio de Agricultura que modifique la forma de clasificación de los agroquímicos, instó a que los estudios de toxicidad estén a cargo de instituciones independientes (no de empresas ni de científicos ligados a las compañías) y, hasta que no se implemente la nueva metodología, reclamó que los agroquímicos sean reubicados en la más alta categoría de toxicidad, lo que implicará alejar las fumigaciones de escuelas rurales, viviendas campesinas y barrios periurbanos.
La Resolución 147/10 de la Defensoría del Pueblo fue emitida el viernes a última hora. Consta de cinco páginas de fundamentación y una carilla resolutiva. “(Se) recomienda a la Secretaría de Agricultura de la Nación que impulse las medidas necesarias para modificar la metodología utilizada en la clasificación de toxicidad de los productos agroquímicos”, precisa el primer artículo y solicita se estudien “todos los daños a la salud que el producto pueda ocasionar, efecto letal y subletal, agudo y crónico”.
Para ubicar a los agroquímicos en los diferentes rangos de peligrosidad las empresas –y los organismos estatales– miden la toxicidad mediante la “Dosis Letal 50” (DL50). Este parámetro se define mediante la cantidad de agroquímico que mata al 50 por ciento de una población de animales de laboratorio durante un tiempo corto. La DL50 está relacionada exclusivamente con la toxicidad aguda de los plaguicidas, no mide la toxicidad crónica, aquella que surge de pequeñas exposiciones diarias a través de un largo período.
“Todo agroquímico que causa daños crónicos pero mata a poco menos de la mitad de las ratas de laboratorio, en forma aguda con altas dosis, es clasificado como producto Clase IV, identificado con la leyenda ‘normalmente no ofrece peligro’ y señalizado con la banda verde”, denuncia la Red Nacional de Acción Ecologista (Renace), colectivo de organizaciones que participó, en mayo pasado, de una presentación ante la Defensoría del Pueblo para que se solicitara la recategorización de los agroquímicos.
En la presentación ante la Defensoría se remarcó la inconsistencia en la clasificación de toxicidad. “La metodología basada en la DL50 no tiene en cuenta, por ejemplo, si el agroquímico analizado mata años después de una aplicación, porque no es toxicidad aguda; o si mata después de exposiciones repetidas a lo largo de varios años; o si produce o induce malformaciones congénitas, abortos espontáneos, cáncer, afecciones cardíacas, afecciones neurológicas, alergias, daños oculares; y tantos otros daños a la salud que afirman los estudios realizados por investigadores que no dependen de las empresas que patentan, producen y comercializan estos productos”, explica la Renace.
El estudio del investigador de la Facultad de Medicina de la UBA y el Conicet Andrés Carrasco, que confirmó malformaciones en embriones anfibios, sí aborda los efectos subletales. Y no se trata del único trabajo. En agosto pasado, la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba organizó el primer Encuentro de Médicos de Pueblos Fumigados. Durante dos días se presentaron una decena de investigaciones realizadas por académicos de universidades nacionales. Todos ellos tuvieron en cuenta los efectos crónicos y las consecuencias en el mediano y largo plazo de los herbicidas y plaguicidas. “Existe evidencia científica que es suficientemente fuerte y consistente para reconocer que la exposición a plaguicidas aumenta el riesgo de afectar la salud humana”, afirmó el médico, docente universitario y coordinador del encuentro, Medardo Avila Vázquez. Durante el congreso, investigadores y académicos vincularon los agroquímicos con distintos tipos de cáncer, abortos espontáneos, malformaciones y trastornos de la fertilidad. Recordaron que en la Argentina se utilizan 300 millones de litros de agroquímicos por año y son afectados 12 millones de habitantes.
Hasta que no se realice la revisión de la clasificación toxicológica, el Defensor del Pueblo, Anselmo Sella, instó al Ministerio de Agricultura a elevar al máximo (“sumamente peligroso-muy tóxico”) todos los agroquímicos que no hayan sido evaluados en dosis subletales y crónicas. El Ministerio de Agricultura no cuenta con un listado público de productos que fueron aprobados sin estudios crónicos y subletales, pero desde Renace estimaron que “son la mayoría de los productos que hoy se utilizan en el país y entre ellos se encuentra el glifosato (herbicida pilar del cultivo de soja)”.
La medida de la Defensoría impacta directamente en el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), organismos dependiente de Agricultura. El último punto de la Resolución de la Defensoría hace hincapié en cómo deben aprobarse los productos: “Los estudios sobre los que se basan las clasificaciones de los agroquímicos deben ser realizados por entidades de acreditada y reconocida independencia de criterio”.
La soja transgénica y el uso de herbicidas que sustentan la siembra directa fue aprobada en Argentina durante 1996 sobre la base de trabajos de la propia empresa Monsanto.
El mundo según Monsanto, denuncia los efectos negativos que provocan los productos agroquímicos y las semillas de soja transgénica que comercializa la empresa más grande del mundo en el rubro.
El trabajo expone además las consecuencias que tiene para el ambiente y el suelo el monocultivo de la soja transgénica. También retrata los efectos en la salud humana de la utilización del Roundup, un herbicida que produce cáncer. En síntesis, expone la cara más oscura de la lógica económica neoliberal, a través de la realidad agrícola de América del Norte y del Sur, especialmente de Argentina. El trabajo embiste directamente a la empresa de Saint Louis - Misuri, EEUU- que en más de un siglo de existencia fue fabricante del PCB (piraleno), del “agente naranja” usado como herbicida en la guerra de Vietnam y de hormonas de incremento para la producción láctea prohibida en Europa. Hoy Monsanto es el primer semillero de soja, maíz, algodón y productor de agroquímicos del mundo. Quien dice semilla, dice Monsanto, pero también dice alimentos. Es la empresa norteamericana que maneja el mercado mundial de la soja. Es la misma empresa que fabricó PCB, y ocultó durante 50 años que ese aceite era cancerígeno. Ahora es empresa que produce y que patentó las semillas de soja genéticamente modificadas, para resistir agroquímicos y tempestades.
Ha escrito para The Guardian, Independent on Sunday, Resurgence, BBC Wildlife.
La combinación, habitual en Monsanto, de mala ciencia, reclamos engañosos, silenciamiento y eliminación de los oponentes y de las informaciones perjudiciales, es más que evidente en el caso del primer producto manipulado genéticamente que se ha comercializado: la hormona de crecimiento bovina. La Hormona Recombinante de Crecimiento Bovino (rBGH), es una copia obtenida por ingeniería genética, de una hormona que producen naturalmente las vacas. La rBGH está ideada para que las vacas produzcan más leche de la que producirían naturalmente. Funciona alterando la expresión del gen de los transportadores de glucosa de la glándula mamaria, músculo y grasa de la vaca. El gen facilita el trasvase de glucosa a la glándula mamaria, lo que hace que produzca más leche.
Se espera que las vacas a las que se inyecta diariamente una dosis de la rBGH –comercializada con la marca Posilac– incrementen su producción entre un 10 y 20 por ciento. Sin embargo, los problemas y los efectos secundarios asociados al uso de la rBGH son numerosísimos. Son tantos sus peligros reales y potenciales que está prohibido en Canadá, la Unión Europea y otros países, a pesar de los esfuerzos de Monsanto por ganarse la apertura de esos mercados. Aún así, la rBGH se ha utilizado en otros países –principalmente en EEUU– durante varios años. Y es de allí de donde nos están llegando las malas noticias.
Los animales tratados con la hormona están sujetos a un tremendo estrés. Normalmente unas 12 semanas después de que la vaca es una ternera produce leche a expensas de su salud. La vaca pierde peso, es estéril y es más susceptible a las enfermedades. Eventualmente, la producción de leche disminuye y su cuerpo empieza a recuperarse. La inyección de rBGH supone que el ganadero puede posponer esa recuperación entre otras 8 o 12 semanas, incrementando sustancialmente la producción de leche de la vaca, pero también haciendo que sea más susceptible a las enfermedades.
Para una mayor comprensión de los efectos perjudiciales potenciales del rBGH en la vacas, uno no necesita más que ver la etiqueta de advertencia que el FDA exige que Monsanto incluya en cada remesa de Posilac. La etiqueta destaca 21 problemas de salud asociados al uso de Posilac, que incluyen ovarios císticos, desórdenes uterinos, disminución del tiempo de gestación y peso de nacimiento de las terneras, incremento de la tasa de gemelos y retención de placenta.
Potencialmente el problema más serio, de todas formas, es el incremento del riesgo de mastitis o inflamación de las ubres. Una vaca con mastitis produce leche con pus.
Los peligros para la salud humana
Incluso dejando de lado los problemas de salud causados por residuos de antibióticos en la leche –utilizados para tratar a las vacas que padecen mastitis– los efectos del rBGH en los humanos pueden ser devastadores. Los estudio científicos más preocupantes son los que relacionen el rBGH con el cáncer.
Cuando a la vaca se le inyecta el rBGH, su presencia en la sangre estimula la producción de otra hormona, llamada, en inglés Insuline-like Growth Factor 1(IGF-1) -Factor de crecimiento tipo insulina-, una hormona-proteíca que producen naturalmente tanto vacas como humanos. El uso de rBGH incrementa los niveles de IGF-1 en la leche de las vacas. Dado que el IGF-1 es activo en los humanos –causando que las células se dividan– algunos científicos piensan que una ingesta de leche tratada con altos niveles de rBGH, podría dar paso a una división y un crecimiento incontrolados de células en los humanos, en otras palabras: cáncer10.
En 1996, el Profesor Samuel Epstein de la Universidad de Illinois, Chicago, realizó un detallado estudio de los efectos producidos por altos niveles de IGF-1 en los humanos. Los resultados de Epstein revelan que las concentraciones de IGF-1 que hay en la leche de las vacas tratadas con rBGH, pueden provocar cáncer de mama y colón entre las personas bebedoras de leche. La conclusión de Epstein fue contundente: “con la complicidad de la FDA, toda la nación está siendo sometida a un experimento a gran escala que supone la adulteración de un alimento básico muy antiguo por un producto biotecnológico pobremente caracterizado y sin etiquetado... que posee grandes peligros potenciales para toda la población estadounidense”15.
Dos estudios publicados a principios de este año parecen respaldar los hallazgos del Profesor Epstein. Un estudio realizado por American Women y publicado en The Lancet en Mayo revela que la probabilidad de contraer cáncer de mama entre las mujeres premenopaúsicas aumenta 7 veces en aquellas que tienen niveles altos de IGF-1 en su sangre16. Otro estudio publicado en Science en enero demostró que el riesgo de padecer cáncer de próstata se multiplica por cuatro entre los hombres con altos niveles de IGF-1 en la sangre17.
Amordazando las críticas
Monsantoresponde con intimidaciones, abogados, manipulación de los hechos y muchísimo dinero en propaganda a cualquiera que se atreva a criticar su rBGH. A todo esto le ha ayudado e instigado la FDA, a la que llaman los críticos, "Monsanto Washington Office".
Monsanto y sus aliados incluso han estado utilizando la Constitución de EE.UU. para evitar que los consumidores sepan qué es la leche que beben. En abril de 1994 el Estado de Vermont aprobó una ley que requería que los productos que contengan rBGH se etiqueten claramente. Una coalición de industrias lácteas y Monsanto emprendieron un pleito inmediatamente argumentando que la nueva ley era “inconstitucional”, en tanto que había violado la Primera Enmienda que asegura el derecho constitucional de no estar obligado a revelar información. Monsanto ganó.
Enfrentada con una creciente indignación de los consumidores ante tales tácticas, Monsanto ha abandonado, muy a su pesar, sus juicios contra minoristas en EE.UU., y se permite etiquetar la leche como “leche sin rBGH”. Pero la FDA todavía se niega a exigir que los productores etiqueten su leche e incluso ahora, mucha gente no tiene ni idea de qué hay realmente en su leche.
Monsanto ha sido acusada, por otros sectores de la sociedad, de no ser limpia en los métodos utilizados y de encubrimiento de la verdad sobre la rBGH. El célebre caso "Fox TV Episode”, donde la corporación fue acusada de presionar para que un documental sobre el rBGH no saliera en antena, es sólo un ejemplo obvio. En su libro “Toxic sludge is good for you” (“El lodo tóxico es bueno para ti”), John C. Stauber y Sheldon Rampton cuentan un episodio en 1990 donde la empresa encargada de la promoción e imagen de la corporación envió un “topo” a una reunión de militantes anti-rBGH. El topo que actuó como una preocupada ama de casa, era de hecho una empleada de Burston-Marsteller, la compañía de imagen de Monsanto, que fue enviada para descubrir a priori cuáles iban a ser las tácticas de oposición.
El sector lechero americano ha denunciado varias veces que los representantes de Monsanto han minimizado, ocultado o intentado tapar los efectos adversos del rBGH, diciendo incluso a los ganaderos que sus problemas de mastitis eran únicos, o que los problemas de salud que surgían después de haber usado Posilac eran culpa del ganadero, más que de la hormona.
La conducta de Monsanto en esto, como en otros muchos temas relacionados con la rBGH, ha sido cualquier cosa menos honesta. Así pues, es sorprendente que sus actuales llamadas a un "debate abierto" sobre biotecnología sean tomadas en serio por alguien, cuando esto no es más que una pequeña pieza de su gran campaña publicitaria.
Marie-Monique Robin, autora del libro El mundo según Monsanto, planteó los peligros ambientales de la producción de soja transgénica y de la utilización de herbicidas. Entrevista realizada por Sebastián Geraldo para www.habitaturbano.tv
El médico Rodolfo Páramo, del Hospital de Malabrigo, reveló que la proporción de nacimientos de bebés con malformaciones es muy grande, como así también los distintos tipos de cáncer. Y advirtió contra el uso indiscriminado del glifosato, el "cual no se degrada al contacto con la tierra".
En una nota publicada en Reconquista, Edición 4, el pediatra Rodolfo Páramo habló sobre la inquietud originada a raíz de la aplicación de agroquímicos para la siembra en la zona y los casos de cáncer que se produjeron en los últimos diez años en Malabrigo, además de casos de nacimientos con malformaciones congénitas. Aseguró que el glifosato no se degrada al contacto con la tierra e indicó que la población debe presionar por sus derechos y sobre quienes tienen que ejercer el control en Malabrigo. Páramo comenzó explicando que hubo reuniones "en varias oportunidades a partir de una inquietud del abuso de ciertos productos agroquímicos, lamentablemente por propaganda mentirosa de Monsanto que es la que creó el glifosato con denominación Round-Up. Cuando Monsanto, hace un año y medio o dos quiso cobrar regalías por haber introducido la soja transgénica en la Argentina se olvidó que a esta no la patentó, pero sí el glifosato Rendhat, con un período que el productor no pueda fabricar ese producto agroquímico. En el año 65 ó 66 Monsanto creó el producto e ingresó a la Argentina y en esa década o la del 70 y siempre dijo que era levemente tóxico, que no producía daños, que no producía absolutamente nada con respecto a la salud de los seres humanos. Da la casualidad que en Malabrigo, de 10 años a esta parte, estamos teniendo una incidencia de cánceres de distinta variedad y no lo podemos explicar. Malabrigo tiene un promedio de 15 a 20 nacimientos por mes y en menos de un año tuvimos 12 chicos nacidos con malformaciones. La incidencia es impresionante". Recordó que "en esa época, las arañas (equipos fumigadores) circulaban por las calles de Malabrigo derramando productos con los que habían fumigado en los campos en los alrededores. También por vía aérea. Y por esta vía se fumiga utilizando glifosato con sustancias sulfatantes que hacen que las gotas sean más pequeñitas y se adhieran más prontamente, pero la incidencia que tiene la fumigación aérea es que las gotas con sulfatantes quedan en suspensión en el aire y son fácilmente transportadas por los distintos vientos. Si estamos usando el glifosato con algún sulfatante que hace que la gota sea más pequeñita y que se adhiera más fácilmente, no se tiene en cuenta la dirección de los vientos que predominan en nuestra localidad".